miércoles, 11 de noviembre de 2009

*

La oscuridad me ciega los ojos. Los minutos me matan la vida. Las mentiras me golpean repetitivamente el alma. Qué sensible soy... Mis párpados, ya rojos, me queman. Estoy sola, y aún así me gustaría ser invisible. Cada lágrima es un grito en silencio. Quiero huir antes de enfrentarme a mis retos. Soy demasiado dévil. Me cuesta coger oxígeno; me cuesta respirar. Me intento coger fuerte, pero no tengo dónde ni el qué. Tengo la cabeza agachada, mirándome las puntas de los pies ya helados. Pido un poco de tu calor, sólo un poco. Mis pómulos arden y están completamente inundados. Mi vista se nubla. Lo veo todo tan frágil que me gustaría romperme. Hoy he llegado con los nudillos cansados, con la esperanza de encontrarte. Pero sólo has dejado el rastro de tus colillas en el cenicero...

No hay comentarios:

Publicar un comentario